Silvia Susana Jácome - - - sexóloga educativa - - -

SEXO EN LAS ROCAS 11 marzo 2014

11 Mar 14 - 17:30

SEXO EN LAS ROCAS / 11 marzo 14
 
Cinismo
 
Silvia Susana Jácome G.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define cinismo como: “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Eso es, justamente, lo que representa lo dicho por el papa Francisco en una entrevista concedida al Corriere della Sera, luego de que el Comité de Derechos de los Niños de Naciones Unidas publicara un informe crítico sobre la actitud del Vaticano en la lucha contra los abusos sexuales a menores.
En la lucha contra la pederastia, expresó el Sumo Pontífice, nadie ha hecho más que la iglesia católica, y pese a eso es la única atacada.
Vaya que sorprendieron semejantes declaraciones. Sobre todo porque en los últimos años han salido a la luz pública numerosos casos de pederastia por parte de sacerdotes sin que la iglesia católica haga nada para entregar a estos curas a la justicia civil; por el contrario, los ha solapado sistemáticamente y en la mayoría de los casos únicamente los cambia de jurisdicción parroquial para no exponerlos, pero sin que medie ninguna sanción.
Uno de los casos más sonados –y ampliamente documentados- es el de Marcial Masiel, quien contó con el silencio y la complicidad de Juan Pablo II, un hombre que en el próximo mes de abril –en lo que representa una burla para las miles de víctimas- será entronizado como santo.
Pero no sólo en México; Irlanda y Estados Unidos, entre otros, han sido países en donde los sacerdotes han abusado sexualmente de menores con total impunidad. Un informe de la BBC elaborado en el 2004 señalaba que en los últimos 50 años el 4 por ciento del clero católico de los Estados Unidos estaba involucrado en prácticas sexuales con menores. Lo que representa un total cercano a los 4 mil sacerdotes.
Lo único que ha hecho la iglesia es pagar sumas millonarias para indemnizar a las víctimas, pero no ha movido un dedo para que los sacerdotes pederastas paguen por su delito y sean enjuiciados y, en su caso, encarcelados en sus respectivos países.
La llegada del Papa Francisco, luego de un larguísimo reinado de Juan Pablo II y de un gris pontificado de Benedicto XVI, llenó de esperanzas a buena parte de la feligresía católica. Su estilo cercano a la gente, sus declaraciones despojadas de solemnidad y algunas frases acertadas –como “¿quién soy yo para juzgar a los gays?”- hicieron creer a mucha gente que la iglesia estaba viviendo cambios trascendentales.
Sin embargo, y aquí lo hemos dicho en otras oportunidades, mientras las declaraciones no vayan acompañadas de acciones, poco –o nada- cambiará en el Vaticano.
Hoy, queda claro que las expresiones de renovación del Papa Francisco no son más que buenas intenciones; y no deja de ser grave lo declarado al Corriere della Sera.
Y es que, si realmente cree que la iglesia católica ha hecho lo suficiente para acabar con la pederastia, quiere decir que no tiene la menor idea de lo que ocurre con sus ministros, lo que sería no sólo difícil de creer sino, en caso de que así fuera, imperdonable.
Y si, como todo parece indicar, es una mentira para seguir cubriendo las espaldas de tanto sacerdote pederasta, entonces estamos viendo el verdadero rostro de un pontífice que miente y que seguirá protegiendo a sus pastores.
Si realmente estuviera comprometido para acabar con la pederastia bastaría con que apoyara a las organizaciones laicas como Naciones Unidas, que rindiera un informe pormenorizado y que brindara toda la ayuda posible para que los curas pederastas –y quienes sistemáticamente los han protegido- paguen por sus culpas.
Si realmente estuviera comprometido en el combate a la pederastia sería necesario que, en congruencia, diera marcha atrás y suspendiera la canonización de Juan Pablo II. ¿Cómo puede ser santo un hombre que sistemáticamente protegió a delincuentes como el padre Masiel?
Es una lástima que el papa Francisco deje pasar esta oportunidad para pedir perdón, en nombre de la iglesia, a los miles de hombres y mujeres que en su niñez fueron abusados sexualmente por miembros de la iglesia católica. Cuando afirma que nadie ha hecho más que la iglesia católica para combatir la pederastia está siendo desvengonzado en su mentira. Eso, de acuerdo con el diccionario, se llama cinismo.
Puede tener razón cuando afirma que “la gran mayoría de los abusos (sexuales contra menores) ocurren en un ambiente familiar y de vecindad”. Puede ser; pero si es imperdonable que un tío, un padrastro o un vecino abuse sexualmente de un menor, no menos grave es que lo haga un ministro de la iglesia católica que, por cierto, está en ventaja ya que por su investidura se ha ganado la confianza de los padres de la criatura y, seguramente, de la misma criatura. Y algo más; al tío o al vecino que abusa en contra de un menor, nadie lo defiende, nadie lo solapa. En cambio, a los miles de sacerdotes que han incurrido en esta práctica, sistemáticamente los ha solapado y protegido la jerarquía eclesiástica, empezando por el Papa.
Dijera mi abuela, “ya empezó a enseñar el cobre” este señor. Es una lástima que la esperanza de muchas y muchos católicos progresistas se tope con el muro de semejante cinismo. Y una afrenta en contra de las miles de víctimas que durante su infancia tuvieron la desgracia de toparse con uno de los muchos sacerdotes pederastas que, amparados en la protección del Vaticano, no dudaron en cometer actos tan repugnantes.
Dudas, comentarios y reproches a: silviasusanajacome@outlook.com

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